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Sociedad de responsabilidad

  • Foto del escritor: Estrellita Taína García Jiménez
    Estrellita Taína García Jiménez
  • 20 dic 2025
  • 6 Min. de lectura

Una sociedad de responsabilidad (una de las traducciones de accountability partners en inglés) es un concepto que puedes vincular desde el ámbito de la salud mental hasta a las empresas. Surge de la idea de tener al menos una persona como compañía para compartir una meta contigo, motivarse y apoyarse mutuamente para llegar a las metas propuestas.



¿Qué es?

En psicología, este concepto es similar al papel que ofrecen los grupos de ayuda mutua, compuestos de personas ajenas a la psicología que unen fuerzas ante una circunstancia dolorosa y establecen espacios seguros para compartir sus emociones y ofrecer apoyo ante vivencias similares.

Una sociedad de responsabilidad ejerce una relación de igualdad. No es una consultoría con expertos, sino alguien con quien puedes expresar aquellas barreras y avances en las metas definidas en conjunto a nivel personal o profesional. Desde una actitud neutral, sería un acompañante que puede ser útil para recordarte aquellos compromisos y propósitos que te has propuesto alcanzar. Obviamente junto a la celebración de esos pequeños pasos que te ayudan a identificar cómo de cerca estas de esos compromisos y cuándo te desvías del recorrido.

¿Cómo hacerlo?

Si te preguntas quién puede ser la persona adecuada para convertirse en parte de tu sociedad, puede ser toda persona de confianza que comparta los mismos objetivos que tú, o que tenga sus propios objetivos. Desde amistades a compañeros de trabajo o estudios, incluso profesionales de salud mental.

En más de una ocasión me han preguntado en tarapia cómo dejar de basar este compromiso con los hábitos en otras personas, en lugar de los propios criterios. Si bien es cierto que necesitamos cubrir necesidades diferentes, intentar construir la casa por la ventana no es la mejor manera de desarrollar una estructura sólida.

Tenemos que planificar pequeños pasos que vamos ejecutando hasta acercarnos a nuestra meta o resultado esperado. Lo importante realmente está en que te adaptes progresivamente y reevalúes lo que necesitas para ajustarte a tus necesidades.

Imagina que llevas un tiempo que has perdido la rutina del gimnasio y necesitas mucho esfuerzo para volver a llevar a cabo una rutina como la de antes. En lugar de machacarte con lo que no puedes hacer, es más saludable realizar movimientos sencillos en el día a día que no requieran tanta planificación a largo plazo. 

Puedes comenzar a ir al trabajo en bicicleta o andando, aprovechar los paseos del perro para prolongar el recorrido o hacer bricolaje en casa para sentir que tu tiempo lo empleas en alguna actividad de movimiento.

Los gimnasios son un invento nuevo y relativamente basado en actividades prácticas de la vida diaria, como el levantamiento de objetos pesados o la agilidad para escapar de un peligro mientras corres. El ser humano siempre ha obtenido actividad física de otras formas pese a que este invento sea más reciente que nuestro propio origen.

Algún día puede llegar la rutina del gimnasio, pero si lo que estás buscando es mejorar tu actividad física el mal menor puede ser la mejor opción para avanzar con pequeños pasos en lugar de atascarte en el punto de partida en un eterno bucle sin fin.

Esto es solo un ejemplo de que cada paso cuenta para tu próximo movimiento. Las personas somos seres sociales por naturaleza. Es más fácil cumplir con las metas programadas cuando implican a otra persona. Especialmente porque nos aporta un feedback directo sobre lo que hacemos y si el modo es adecuado, limitando la procrastinación y aumentando la motivación debido a la conexión con el otro.

La principal diferencia entre los grupos de ayuda mutua respecto a los sociedad de responsabilidad puede estar en el carácter centrado en el sufrimiento humano en lugar del ámbito del crecimiento personal. Acompáñame a entender un poco más este concepto a continuación.


Comunidad y crecimiento personal

El papel de esta figura en el crecimiento personal se centra en algo similar a lo que se enfocan las sesiones de coaching. Es decir, son como motivadores hacia el cambio y la planificación de metas para tener una organización que facilite la consecución de tus objetivos.

Sin embargo, en algunas ocasiones los roles que ejercemos no son lo que necesitamos o queremos. Verte arrastrado a un camino que no es el tuyo sino el que han elegido otras personas por ti es más común de lo que parece.

Y es que ser parte de una sociedad de responsabilidad mal gestionada puede llevar en este aspecto a un desgaste silencioso que solo sale a la luz después de que detectemos cuando llevamos más carga de la que nos correspondería en nuestras relaciones. Es frecuente que en sesiones escuche la identificación del culpable en relaciones desequilibradas como: ¿entonces es mi culpa? 

No existen culpables, las situaciones son demasiado complejas para reducirlo todo a uno o dos actores principales de la película. Precisamente: detrás de un largometraje hay mucho más trabajo del que podemos ver en la pequeña pantalla. En las relaciones sucede algo parecido. Son las dinámicas de todo el equipo, el que está actuando y entre bambalinas quienes influyen en lo que está ocurriendo.

La naturaleza no está diseñada para dinámicas desequilibradas, por lo que aquellos organismos y sistemas que presentan estructuras descompensadas tienden a buscar las adaptaciones posibles para sobrevivir. Es tal nuestro instinto de supervivencia, que inconscientemente podemos llegar a elegir situaciones que generan sufrimiento frente a un cambio porque desconocemos lo que puede ocurrir. 

El mejor cambio no está en lo que queremos sino en lo que produce una distribución más justa de la carga, o su eliminación completa. Observando las inversiones emocionales que hacemos fuera y dentro de sesión es fácil conocer la teoría de la corresponsabilidad en las relaciones, pero su aplicación es otro asunto diferente.

Parece contradictorio cuando los sociedad de responsabilidad tiene un peso fuera del ámbito clínico, pero pese a que pueda parecer fácil tomar un rol de mentor esa orientación supondría lo opuesto de lo que significa acompañar el crecimiento personal de alguien.

Es normal que tomemos este rol de acompañamiento de manera natural con nuestros seres queridos en algún momento, pero sostener a largo plazo un mismo rol puede ser complicado. Las personas necesitamos cambios para continuar evolucionando, aunque nuestros ritmos sean distintos. 

El estilo de comunicación es una de las principales variables importantes para fomentar relaciones equilibradas que no favorezcan la dependencia, desde una expresión directa de las necesidades propias y el respeto por la de los demás.

Una buena sociedad de responsabilidad se parece a un compañero estable que no desaparece en los momentos complicados o ignora tus necesidades, pero tampoco las cubre constantemente quitándote la responsabilidad de hacerlo tú.

Entonces, ¿cuál sería el papel de una sociedad de responsabilidad en el crecimiento personal? Al principio de la relación sería el encargado de ayudarte a definir tus objetivos e identificar tanto tus puntos fuertes como débiles para conseguir tus metas.

Después de una fase de valoración inicial sería recomendable la negociación genuina sobre acuerdos de corresponsabilidad reales en los cuales esta figura no se convierta en tu mentor sino en un compañero con el cual trabajes en equipo para dar pequeños pasos y sostener recaídas hacia viejos hábitos orientados hacia el bienestar personal.

En este proceso, es habitual que sea necesario redefinir metas y pequeños movimientos para que el trabajo final a realizar se ajuste al método que necesites para hallar los resultados necesarios.

Los resultados buscados podrían ir desde mejorar motivación hacia el estudio o el deporte, mejorar tu propio desarrollo personal conociendo tus valores e incongruencias con ellos respecto a tu comportamiento hasta encontrar un espacio donde poner algunos pensamientos en voz alta para definir lo que necesitas en ese momento.

La perspectiva de otra persona aporta otra visión de un aspecto que creías conocer en profundidad. Si a eso añadimos una sociedad de responsabilidad formada por personas en situaciones similares, puede favorecer poner el foco en áreas de mejora que no habías contemplado.

Esta figura es una alternativa para desarrollar un proceso de crecimiento personal orientado hacia tu propia independencia, para aprender a tomar una perspectiva pragmática de aquellas situaciones de nuestra vida que necesitan un cambio directo.

Sin embargo, para aquellas situaciones que requieren un abordaje en cuestiones de salud mental es recomendable consultar con especialistas. En consulta es frecuente ver confusión durante las primeras sesiones acerca del mismo motivo de consulta, hasta el punto de malinterpretar signos clínicos como aspectos de crecimiento personal.

Si genera dificultades en la vida diaria al punto que produce limitaciones en tu funcionamiento diario es probable que no estemos hablando únicamente de un proceso de crecimiento personal.

En Proyecto Kintsugi acompañamos diferentes procesos y nos especializamos en salud mental. Sabemos lo complicado que es dar el primer paso.

María Gálvez

Psicóloga general sanitaria


 
 
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