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Deformación profesional

  • Foto del escritor: Estrellita Taína García Jiménez
    Estrellita Taína García Jiménez
  • 5 dic 2025
  • 6 Min. de lectura

Tendemos a ver el mundo desde nuestra propia lente, especialmente si eres miope y necesitas alguna otra corrección de la visión. Sin embargo, existen otros aspectos que condiciona nuestra perspectiva más allá de las condiciones físicas. Me refiero a las que proceden de nuestra mente.

En nuestra infancia, nuestros cuidadores influyen en las lentes que llevamos debido a los espacios compartidos. En la edad adulta, el equivalente es el entorno laboral, ya que pasamos más tiempo en este lugar que con nuestros propios seres queridos. 


¿Qué es y por qué sucede?

La deformación profesional no es otra cosa que las gafas que tenemos según la profesión que desempeñamos. Las gafas de un carpintero probablemente sean diferentes de un fontanero o un arquitecto, ya que se agudizan sus sentidos hacia aquello que conoce y es capaz de detectar detalles de imperfección que para otras personas pueden pasar desapercibidos. Por otra parte, también puede apreciar otros detalles que solo puedes apreciar con una mirada más amable.

La deformación profesional puede suceder en cualquier profesión. No es una cuestión de nivel de estudios, sector del conocimiento o clima laboral. Esta tendencia a ver el mundo desde las lentes que nos ha enseñado nuestra profesión produce un estrechamiento del punto de nuestra mira ocasionando fenómenos perceptivos como las distorsiones.

Siguiendo con el ejemplo de las gafas, si conoces a alguien con presbicia que utilice gafas de cerca para ver de lejos, lo que ocurre es que no consigue afinar su visión porque no adopta una visión amplia del objetivo. Tal y como nos ocurre al resto cuando aplicamos conocimientos y métodos de una profesión específica a situaciones que podrían requerir un enfoque distinto. 


Aspectos positivos y negativos

El caso se hace más obvio en el caso de profesiones técnicas más alejadas de la vida diaria. El ver cosas donde no están puede suceder en sitios concretos y definidos. Imagina un programador que detecta posibles formas de solucionar un error informático viendo el tipo de mensaje de advertencia que aparece en una página web o una aplicación.

En el caso de la psicología esto puede convertirse en un auténtico despropósito. Nos rodean rodeados personas continuamente y esto da manga ancha para que interpretemos el comportamiento ajeno desde la psicología, aunque no sea el momento de hacerlo.  

Esta interpretación desmedida tiene una serie de implicaciones en el lado del espectro más agradable y desagradable. Empecemos por la parte que no es tan agradable: si usas habilidades laborales fuera del contexto apropiado, podrías tener dificultades para desconectar del trabajo y acabar limitando tu punto de mira. 

Esto es más común de lo que parece y es un caldo de cultivo idóneo para problemas de conciliación. A veces no hace falta que una empresa te diga que es necesario echar horas extra, con que halaguen la implicación que tienes con los clientes contestando llamadas y correos en tus vacaciones y descansos puede ser suficiente.

Sin embargo, esto no es algo que deba venir de las entidades, sino que puede proceder del propio termómetro de perfeccionismo y autoexigencia que nos acompaña. Conectarse con tanta intensidad puede desencadenar un «apagón emocional». En este caso, sería un buen ejemplo de las consecuencias a largo plazo.

Utilizar siempre las mismas lentes puede generar sesgos en momentos que no corresponden llevarlas. Algo así como que se pueden producir prejuicios laborales en los que ya tomas por sentado lo que está ocurriendo, sin ser consciente de todo el contexto que existe detrás, pues no tienes la misma base de información que cuando estás trabajando. 

Podrías pensar que la deformación profesional está ligado a la vocación por lo que acabo de escribir, pero no existe una causa y un efecto irremediable, aunque podría potenciar que le dediques más tiempo del necesario. En algunas ocasiones pensar de la forma específica en el momento que estás en el trabajo sin estar en él se trata de algo diferente, puede ser un signo de inseguridad.

Si te identificas con una sensación de no ser suficiente en el trabajo o de no merecer los logros que has conseguido con tu esfuerzo y dedicación, hablamos de inseguridad. Esta puede fomentar que te sientas como un fraude y llevarte a un ciclo muy desgastante y frustratnte de intentar demostrar continuamente su valía.

Si te has enfrentado a la deformación profesional, habrás sentido una valoración desmedida fuera y dentro del trabajo de aspectos relacionados con él, como si no hubiera otras perspectivas alejadas del ámbito laboral. Este sobreanálisis constante puede favorecer juicios y críticas sobre tu propio desempeño acabando por compararte continuamente con otras personas.

Lo más probable es que las expectativas que se generan de este análisis no sean compasivas hacia aquellos momentos de aprendizaje debido a una perspectiva más perfeccionista sobre la imposibilidad de fallar y reaprender nuevos conceptos o prácticas.

En este punto, la deformación profesional es un arma de doble filo que acentúa los errores ajenons, a la vez que los tuyos. Un excesivo foco en el error a largo plazo genera agotamiento y dificultad para desligarte del trabajo incluso en momentos de descanso.

¿Cuál es la parte buena de la deformación profesional? Como en la mayoría de las cosas, el equilibrio es el punto medio. Alguien dijo que la información es poder y a la vez conlleva una gran responsabilidad.

Te permite saber cosas que otras personas desconocerán y otorga un margen de error para decidir una planificación de tu futuro más consciente. Sin embargo, un exceso de conocimiento a veces puede ser una carga pesada por la responsabilidad de gestionar la anticipación de ponernos en lo peor posible.

La parte positiva de la deformación profesional es que puedas encontrar momentos de hacer un uso saludable de esa especialización técnica sin que las obsesiones y el sobreanálisis influyan sobre la seguridad que sientas sobre lo que haces tu mismo.


Profesión y salud mental

En este sentido, la relación con la salud mental es muy relevante. Algunos estudios han encontrado que, aquellas personas que poseen un pensamiento más rígido tienen un mayor riesgo de desarrollar problemas de salud mental. De igual manera, la calidad de nuestras relaciones sociales en este ámbito tienen un impacto en nuestra vida. 

Cuando nos enfocamos en un solo aspecto de nuestra vida, como puede ser el trabajo, es difícil practicar la flexibilidad, pues existen otras áreas que no podemos apreciar fuera del ámbito laboral. 

La salud mental puede estar condicionada por factores del entorno también. Desde el ambiente laboral y el prestigio social de nuestra profesión, hasta los espacios de nuestra vida personal que el trabajo puede haber asumido .

Algunas características de personalidad sin estrategias adecuadas de gestión se suman adicionalmente a un ambiente caótico, pero creo que no hace falta explicar las consecuencias de esa combinación en el trabajo y en otras áreas vitales.

Para que desarrollemos una relación saludable con el trabajo debemos identificar cual es el tipo de relación ya existente. Si lo reconocemos como un intercambio de servicios puede ser más fácil desconectar. En cambio, si se concibe como un pilar esencial de nuestra identidad o como una manera de desarrollar nuestra mejor versión de nosotros mismos puede existir más probabilidad de que se desarrollen problemas con su gestión. 

Imagina una relación de pareja donde realizan todas las actividades en conjunto, sin espacios propios ni otras inquietudes más allá de la relación. En algún momento esta dinámica se quemará por sí misma por la dependencia que estas personas pueden desarrollar. 

La deformación profesional, al fin y al cabo, es una relación donde intervienen necesidades de un sistema y personas con las que tenemos que relacionarnos directa o indirectamente, ofreciendo unos servicios a cambio de un beneficio.

La elección del trabajo, a diferencia de la familia o de una relación de pareja, se basa para una gran parte de la población en la necesidad de cubrir otras necesidades fisiológicas mínimas (alimentación, luz y agua, entre otras). 

Sin embargo, comparte algunas similitudes tanto con la pareja como con la familia. En el caso de la pareja y el trabajo, realizas la elección activamente para cubrir esas necesidades. La familia o los cuidadores principales no son escogidos durante nuestros primeros años de vida.

Si pensamos en lo que comparte respecto al ámbito familiar, es que se trata de un entramado donde cada pieza posee un rol para que funcione el resto del engranaje. Cada persona es importante para el resultado de ese esfuerzo conjunto a lo largo del año.

Precisamente, algunas empresas hablan de la importancia que posee el salario económico y emocional para la satisfacción de aquellos que participan en el funcionamiento de cada entidad, privada o pública.

Te preguntarás que tiene que ver con la deformación profesional y es que para que exista un equilibrio entre nuestra vida personal y laboral es esencial tiempo para dedicarles a ambos. Darle un nivel de importancia real e intencional a cada cosa. 

En la vida hay espacio para tus seres queridos, pero no todos ocupan la misma posición. Cada persona tiene sus niveles de prioridades. En algunas ocasiones tenemos amistades o familiares con relaciones más profundas y esto también es saludable. 

Si bien en el trabajo existen momentos en los cuales tenemos que tomar un tiempo extra para su cuidado, pero como en cualquier otra relación, para que sea sostenible en el tiempo no puede ser intenso ni frecuente porque acabaríamos quemándonos y perdiendo otros espacios. Todo tiene un coste y es recomendable que elijas cual es el que tú mismo quieres asumir.

En Proyecto Kintsugi conocemos la importancia de un buen cuidado por dentro y fuera. Recuerda que estaremos encantados de atender lo que necesites y que cada paso es un avance para un cambio hacia tu bienestar. 


María Gálvez

Psicóloga general sanitaria

 
 
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