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Somatización




Introducción

La mente y el cuerpo se encuentran en continuo movimiento y forman parte de un mismo sistema integrado en el cual la salud y el bienestar dependen del equilibrio y la interacción entre ambos. El cuerpo, la mente y nuestras circunstancias nos condicionan como ocurre en el caso de la somatización. En este sentido, implica la expresión de malestar emocional a través del cuerpo, manifestándose en síntomas físicos que no tienen una causa médica identificable. Estos síntomas pueden incluir dolores de cabeza, problemas gastrointestinales y dolores musculares, entre otros. Es importante señalar que los síntomas somáticos no son ficticios; son reales y pueden ser muy debilitantes para quienes los experimentan.


Mentira o realidad 

Actualmente no existe ninguna medida de dolor completamente objetiva, ya que todas las pruebas disponibles dependen de la autoobservación de la persona que siente esta experiencia sensorial. La ausencia de herramientas fiables para su verificación posee múltiples implicaciones legales, psicológicas, sociales y económicas en nuestra sociedad que afectan la vida de una gran parte de la población. La negación de enfermedades que implican dolor crónico ha llevado a poner en duda diferentes categorías diagnósticas como la fibromialgia. Esta condición médica crónica se caracteriza por dolor musculoesquelético generalizado, fatiga, problemas de sueño y sensibilidad en puntos específicos del cuerpo. Debido a que los síntomas de la fibromialgia no tienen una causa física clara y pueden ser difíciles de diagnosticar objetivamente, algunos profesionales de la salud en el pasado podrían haber interpretado erróneamente los síntomas como una manifestación de somatización.

El avance en la comprensión y la investigación médica reciente ha reconocido que la fibromialgia es una condición médica legítima con bases fisiológicas y neurobiológicas. Se han identificado cambios en la función del sistema nervioso central y la regulación del dolor en personas con fibromialgia, lo que sugiere una base biológica para la condición. Además, estudios genéticos y de neuroimagen han proporcionado evidencia adicional de que la fibromialgia es una enfermedad real con fundamentos biológicos. Actualmente es reconocida como una enfermedad crónica compleja que comprende una combinación de factores genéticos, neurobiológicos, ambientales y psicológicos.

Sin embargo, durante mucho tiempo no fue ampliamente reconocida por la comunidad médica como una condición legítima. Esto llevó a que muchas personas que sufrían de ella fueran estigmatizadas o consideradas como que sus síntomas eran psicológicos o imaginarios, en lugar de físicos y reales. Aunque la investigación ha avanzado, la comprensión completa de esta y otras enfermedades que padecen dolor crónico sigue siendo limitada. Los mecanismos exactos detrás de estas enfermedades no están totalmente claros, lo que complica su tratamiento y manejo.

La falta de un entendimiento profundo puede llevar a minimizar la experiencia de los pacientes o a tratamientos ineficaces. Como ocurre con muchas condiciones crónicas "invisibles", los síntomas de la fibromialgia no son fácilmente observables por otros. Esto puede llevar a una falta de empatía o comprensión por parte de familiares, amigos y empleadores, contribuyendo al silenciamiento de las experiencias de quienes viven con esta enfermedad. Esta situación hace que los pacientes deban aprender a gestionar y convivir con ese dolor, así como el estigma social que conlleva. No obstante, tanto si el dolor es físico como mental existe y las consecuencias son devastadoras cuando se minimiza el sufrimiento de aquellos que tienen que aprender a convivir con este enemigo invisible ya que cualquier dolor o sufrimiento es válido. 


Salud mental y mujeres 

Los estigmas sociales asociados al peso de la palabra somatización se han relacionado a lo largo de la historia con el género femenino. De hecho, la histeria es uno de los diagnósticos más antiguos y culturalmente cargados asociados con las mujeres. Su origen se remonta al antiguo Egipto, pero fue Hipócrates en la Grecia del siglo V a.C. quien popularizó la idea de que la histeria era causada por el útero errante en el cuerpo de la mujer, buscando humedad y causando diversos síntomas. Esta concepción reflejaba la visión de la mujer como inherentemente más propensa a enfermedades mentales debido a su biología.

Durante la Edad Media y el Renacimiento, la histeria se asoció frecuentemente con la brujería o la posesión demoníaca, reflejando las preocupaciones morales y espirituales de la época. En el siglo XIX, la histeria se convirtió en un diagnóstico comodín para una amplia gama de síntomas inexplicables en mujeres. Desmayos, ansiedad, insomnio y parálisis parcial, entre otros. Fue durante esta época cuando médicos como Jean-Martin Charcot y Sigmund Freud estudiaron la histeria, vinculándola con la psicología y el trauma, y alejándose de las teorías puramente basadas en el útero.



La somatización se puede considerar como un descendiente conceptual de la histeria. No se limita a un género pese a que históricamente las mujeres han sido diagnosticadas con trastornos somatomorfos (trastornos de somatización) con mayor frecuencia que los hombres, lo que refleja la persistencia de estereotipos de género en la medicina. En el siglo XX, el avance en la comprensión de la salud mental y la psicología llevó a una visión más matizada de la somatización, reconociendo la compleja interacción entre mente y cuerpo. Sin embargo, el legado de la histeria ha persistido en ciertos sesgos de género en el diagnóstico y tratamiento de condiciones psicosomáticas, con mujeres a menudo enfrentando minimización o desestimación de sus síntomas.

La historia de la histeria y la somatización en mujeres destaca cómo las enfermedades mentales y los síntomas psicosomáticos han sido influenciados por el género, la cultura y la sociedad. Aunque el diagnóstico de histeria ha sido desacreditado y ya no se utiliza, los ecos de este pasado persisten en cómo las condiciones de salud mental de las mujeres son percibidas y tratadas. El reconocimiento de estos sesgos y estereotipos ha llevado a esfuerzos por mejorar la atención médica para las mujeres, promoviendo una comprensión más equitativa y basada en evidencia de la salud mental y física. La creciente conciencia sobre la importancia de la perspectiva de género en la medicina busca garantizar que todos los pacientes reciban un diagnóstico y tratamiento justos y precisos, libres de prejuicios históricos.


¿Es exclusivo de nuestra especie?

Es importante reconocer que la somatización es un fenómeno humano que puede afectar a cualquier persona, independientemente del género. La creciente conciencia sobre la salud mental y el reconocimiento de cómo los factores culturales, sociales y de género influyen en la salud pueden ayudar a mejorar el diagnóstico y tratamiento de la somatización en todos los individuos. La medicina y la psicología continúan evolucionando para entender mejor estos procesos y proporcionar cuidados más inclusivos y sensibles al género. Los hombres también experimentan el fenómeno de la somatización ya que este fenómeno está asociado a manifestaciones de factores psicológicos como el estrés y la ansiedad que podemos experimentar independientemente de nuestro género. La diferencia en la frecuencia de diagnóstico entre hombres y mujeres puede estar influenciada por varios factores, incluyendo, pero no limitado a:

  • Normas de género y expresión emocional: Las normas culturales y sociales sobre la expresión emocional pueden hacer que los hombres sean menos propensos a buscar ayuda para problemas relacionados con la salud mental o a reportar síntomas que podrían ser interpretados como vulnerabilidad. Esto puede llevar a una subrepresentación de la somatización en hombres en los datos clínicos y de investigación.

  • Presentación de síntomas: Existe evidencia que sugiere que los hombres pueden experimentar y comunicar sus síntomas de somatización de manera diferente a las mujeres, lo que podría influir en el diagnóstico y tratamiento. Por ejemplo, los hombres pueden reportar más síntomas relacionados con el sistema cardiovascular o gastrointestinal, mientras que las mujeres pueden reportar más síntomas relacionados con el dolor y la fatiga.

  • Diagnóstico y reconocimiento: Los estereotipos de género pueden influir en la percepción de los profesionales de la salud sobre lo que constituye un comportamiento o síntoma "típico" en hombres y mujeres, lo que podría llevar a diferencias en el diagnóstico y tratamiento.

  • Disponibilidad y búsqueda de tratamiento: Los hombres pueden ser menos propensos a buscar tratamiento para problemas de salud mental debido al estigma o a la percepción de que hacerlo es una señal de debilidad. Esto puede resultar en una menor detección de la somatización en hombres.


La somatización es un fenómeno que se observa principalmente en seres humanos, ya que implica una comprensión consciente o subconsciente del malestar emocional y su expresión a través del cuerpo. En el caso de los animales es menos probable que ocurra debido a que su capacidad para procesar y expresar emociones de manera consciente puede ser diferente de la de los humanos. Sin embargo, los animales pueden experimentar respuestas físicas a situaciones de estrés, ansiedad u otros desencadenantes emocionales, que pueden manifestarse en síntomas físicos. Por ejemplo, algunos animales pueden mostrar síntomas de estrés como cambios en el apetito, comportamientos repetitivos, vocalizaciones excesivas o problemas digestivos en respuesta a situaciones estresantes o cambios en su entorno.

Es importante reconocer que estos síntomas físicos en los animales no siempre son directamente comparables con la somatización en humanos, ya que la capacidad de los animales para experimentar y expresar emociones es diferente y puede variar según la especie. En muchos casos, los síntomas físicos en los animales pueden ser una forma de comunicar malestar o incomodidad, pero no necesariamente reflejan una somatización en el sentido humano.


María Gálvez

Psicóloga general sanitaria


 
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